Que ver en Lisboa

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Lisboa que ver y hacer

La ciudad de Lisboacapital de Portugalfue fundada con el nombre de Ulissipo por los Fenicios, pero poco tiempo después fue conquistada por los griegos y cartagineses.

Y cuando fue conquistada por los romanos, pasó a ser la capital de la Lusitania adquiriendo la denominación “Olisipo”. Después, hasta el año 585, formó parte del reino de Galicia, hasta que en el 711 fue una vez más reconquistada y cambiado su nombre; en éste último caso, fueron los musulmanes los que la llamaron al-Usbuma.

Más adelante, entre los años 798 y 808, el rey Alfonso II recuperó la ciudad por diez años, hasta que fue reconquistada definitivamente en el 1147, a manos de Alfonso I Enríquez, durante la segunda cruzada.

Fue durante el reinado de Alfonso III cuando se fijaron en Lisboa las bases para la expansión marítima de Portugal. Así las cosas, con la llegada del siglo XV el puerto de la ciudad se convirtió en uno de los más destacados del mundo.

En la actualidad, Lisboa es como un gran museo al aire libre, en donde el turista se encontrará con un diverso itinerario de recorridos y puntos de interés por conocer, entre ellos: las plazas y espacios verdes más destacados son, por ejemplo, la llamada “Plaza del Comercio”, la más importante de toda la capital portuguesa. También la “Plaza del Rossio”, aquella que parece ser escenario de la zona más animada de la ciudad, ya que alrededor de la misma abundan los bares, los restaurantes, los comercios, y la gente reunida por doquier. Y, por último, la “Plaza del Marqués de Pombal”, ubicada junto al Parque Eduardo VII, sobre la Avenida da Liberdade, en su extremo norte.

Cosas que ver en Lisboa

El Palacio de Queluz

Cuando estamos de visita en Lisboa, una de las cosas que hay que hacer y de casi obligatoria es acudir a Sintra. Ahí, en ese municipio se encuentra el Palacio Nacional de Queluz, una de las joyas más importantes de todo el patrimonio histórico y artístico de Portugal, lugar donde también podremos disfrutar de muchos hoteles.

En la actualidad el Palacio de Queluz, además de un reclamo turístico, también sirve como alojamiento para todos aquellos jefes de estado que visitan oficialmente la república portuguesa. Sin embargo, en origen la familia real portuguesa lo concibió como residencia para los infantes, es decir, los futuros reyes.

El palacio tiene un indudable francés, cuya arquitectura en el siglo XVIII, cuando se construyó el Palacio de Queluz, era la más rutilante de todas las arquitecturas europeas.

La visita comienza por la entrada principal, donde llama la atención la torre de la iglesia de palacio. Tras eso la visita continúa recorriendo diferentes salones, entre los que destaca el Salón del Trono, de estilo neoclásico, y que sirvió para celebrar conciertos y bailes.

En frente del pabellón que acoge el Salón del Trono, se encuentra otro pabellón con la Sala de Embajadores, y la Sala de Don Quijote, que primero fue un dormitorio y posteriormente se transformó en una sala para tomar el café. Su nombre se debe a las pinturas murales que la decoran, en las que el protagonista es el universal personaje de Cervantes.

Desde aquí se llega a la espectacular Escalera Robillon, que sirve para acceder hasta  los jardines de palacio. Unos jardines propios de la época barroca, rebosantes de flores, arbustos y fuentes, todo con una cuidada planificación que hacen que recorrerlos sea todo un paseo por la historia y un deleite para los sentidos.

La Praça do Comércio

Uno de los rincones lisboetas que dejan boquiabiertos a todos los turistas que llegan hasta la capital de Portugal es la Praça do Comercio, verdadero epicentro urbano de Lisboa.

Está considerada como una de las plazas más bellas del mundo, y semejante consideración se debe tanto a la fina arquitectura de sus edificios como a la magnífica comunión visual que establece con el estuario del Tajo, el Tejo en la lengua local.

Precisamente la plaza se construyó sobre una explanada de terreno que se le ganó al propio río, una obra faraónica para la época. Una obra de semejantes características sólo podía ser dirigida por uno de los hombres más importantes del país: el Marqués de Pombal, verdadero artífice del aspecto más imponente de la Lisboa histórica.

En realidad concibió la plaza como una monumental entrada al barrio de la Baixa, y con ese objetivo se construyó el Arco de la Rua Augusta en uno de los lados largos de la plaza y en paralelo al cauce del río Tajo.  En este arco aparecen esculpidos algunas de las figuras históricas más destacadas del devenir de Portugal, como fueron Vasco de GamaPombal o Nuno Álvares, además de encontrarse las esculturas de personificaciones de virtudes como el Genio, la Gloria y el Valor.

Otro monumento escultórico destacable en la Plaza del Comercio es la estatua de José I que aparece en el centro de este amplio espacio urbano. Se trata de una escultura de fines del siglo XVIII y que recuerda la figura del monarca que hizo reconstruir Lisboa tras el fatal terremoto de 1755 que asoló por completo la ciudad. Él fue quién hizo que se reconstruyera, y en parte uno de los grandes culpables de que todavía hoy podamos disfrutar de la belleza y el encanto de Lisboa.

Los Tranvias de Lisboa

Todos los que hemos ido a Lisboa nos hemos empeñado en ponernos en mitad de alguna de sus calles adoquinadas para fotografiar los viejos tranvías que circulan por gran parte de la ciudad histórica. Aquí vais a ver algunas de las fotos que hemos hecho, en algún caso con peligro de atropello incluido.

Desde luego las marcas que pagan la publicidad de estos viejos vagones la han rentabilizado con creces. Porque marcas como Carlsberg, Agfa o Coca-Cola han sido fotografiadas por millones de cámaras y aparecen en cualquier guía de las muchas que se publican sobre Lisboa.

Porque la verdad es que los tranvías más antiguos de Lisboa son parte del encanto de la ciudad, y su aire decadente cuadra a la perfección con la atmósfera de toda la ciudad, donde se respira cierto ambiente de viaje al pasado, tanto por la apariencia de los viejos edificios como por las formas de la arquitectura lisboeta.

De todos los trayectos que hacen estos pequeños vagones con asientos de madera prefiero el que sube hasta la , la Catedral de Lisboa, porque es un trayecto lento y revirado que permite ir observando la ciudad, conforme el tranvía sube una de las siete colinas de la ciudad.

Evidentemente los tranvías viejos conviven con otros más modernos, pero también conviven con otros dos medios de transporte con una personalidad propia y ligada a la esencia de Lisboa. Por un lado, el Elevador de Santa Justa que sube hasta el barrio de Chiado, y el funícular que hay muy cerca de la estación del Rossio.

Lisboa Parque de las Naciones

Lisboa, capital portuguesa, es conocida por sus rincones tradicionales, sus sitios históricos y el espíritu de la gente, siempre amigable y sonriente. Pero la ciudad tiene otros secretos. El Parque de las Naciones, sede de la Expo 98, es un destino futurista, interesante y divertido que promete un día completo de aventuras.

Las actividades de nuestro día en el Parque pueden incluir visitas educativas, espectáculos, shows de música en vivo, pic nics en preciosas zonas verdes y una experiencia inolvidable frente al mar. Es sorprendente cómo parece que estuviéramos en una ciudad diferente cuando vamos al parque. Este espacio renovado y modernizado tiene un importante contraste respecto del resto de Lisboa.

Entre las visitas clave de nuestro paso por el Parque se encuentran el Pabellón Atlántico y la Feria de Lisboa, ejes de la Expo 98. Pero el favorito tanto de grandes como de chicos es el Acuario.

El Acuario es un museo de biología marina muy moderno y que preserva una inmensa variedad de fauna marina. El edificio está ubicado en el medio del agua y tiene la forma de un enorme portaaviones. Lo interesante es que durante la visita nos sentiremos como si estuviéramos buceando en el lecho marino. Una experiencia que los más pequeños disfrutarán especialmente.

También para ellos es el museo de ciencias donde podrán experimentar, tocar y jugar, aprendiendo a la vez. El centro de Ciencia Viva presenta de forma didáctica y educativa las últimas novedades del mundo de la tecnología y los más recientes avances científicos.

Y para los que todavía tengan energías, no se pueden perder el Jardín de Agua, una atracción acuática muy original y divertida.

Por último, puede disfrutarse de una imponente vista abierta de Lisboa desde la Torre de Vasco da Gama.

El barrio de Belem

El barrio de Belem antiguamente era en la práctica una ciudad independiente a orillas del Tajo, pero en la actualidad ha sido totalmente engullida por Lisboa y forma parte de la capital de Portugal.

Lo cierto es que todos los que nos acercamos hasta Lisboa, pillamos el tranvía que lleva desde el centro lisboeta hasta Belem, ya que allí hay muchas cosas que visitar. Está el Monumento a los Descubridores, también está la famosa Torre de Belem, y por supuesto está el impresionante Monasterio de los Jerónimos, la obra cumbre del estilo artístico portugués por antonomasia: el estilo manuelino. Y por si esto fuera poco, en los últimos años se ha convertido en el epicentro de la vida cultural de Lisboa, con la apertura del Centro Cultural de Belem.

Pero aquí vamos a hacer mención a otro de los monumentos del barrio, que al mismo tiempo es una de las industrias más prósperas del país. Y ello pese a que se trata de una pastelería, la pastelería donde se elaboran los más afamados pasteis de Belem, que para el país luso vienen a ser algo parecido a lo que en España son los ensaimadas de Mallorca.

Entrar en esta enorme pastelería-cafetería es todo un espectáculo, seguro que tendrás que hacer cola, o más bien, pegar algún codazo para hacerte con un hueco en el mostrador-barra del local, y pedir sus famosos pasteles con un café con leche.

Una recomendación, comprátelos y comételos allí, sentado en sus viejas mesas y rodeado de los azulejos de las paredes. Ya sé que están deliciosos y que querrás comprar unos cuantos para traer a casa y ofrecérselos a la familia o amigos. Pero ten en cuenta, que cuando llegues a tu domicilio se habrán resecado y habrán perdido parte de su encanto.

La Torre de Belém

La Torre de Belém es una de las tres torres que conformaban una barrera defensiva que mandó a edificar el rey Joao II, junto con el Fuerte de San Sebastián de Caparica y la Torre de San Antonio en Cascais, pero la obra fue finalizada durante el reinado de Manuel I.

Se sitúa en el estuario del Río Tejo, finalizada su obra en el año 1520 es particularmente llamativa por su estilo gótico luso, al que muchos portugueses y viajeros frecuentes de la zona conocen como “Estilo manuelino”.

Construida por Francisco de Arruda y situada en la ciudad de Lisboa, más precisamente en la playa de Restelo, la Torre de Belém era el punto de partida de los navíos y carabelas en colonizaciones y búsquedas de nuevas tierras. Esta reliquia hecha de piedra labrada fue adquiriendo con los años detalles que dejaban a la vista el arte manuelino, como la Cruz de Cristo, las cuerdas trenzadas en la piedra y las esferas armilares.

A lo largo de su historia, la torre cumplió funciones defensivas para Lisboa, fue un centro de administración económica, faro, prisión para políticos y puesto telegráfico.

Con una altura máxima de 35 metros y con cinco niveles de pisos diferentes, incluida la terraza, la torre se transformó en Monumento Nacional en el año 1810, la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad en 1983, y finalmente en 2007 fue nombrada como una de las siete maravillas de Portugal. Hoy es uno de los puntos en lo que más se concentra el turismo que arriba a este país.

El barrio alto de Lisboa

El Barrio Alto de Lisboa, en Portugal , es una mezcla de callejuelas y fachadas coloridas que representan el verdadero espíritu de la capital portuguesa.

Una buena forma de descubrir el Barrio Alto desde el aire, es tomar el ascensor que nos lleva al balcón de San Justa. Desde allí se puede ver el recorrido serpenteantes de las calles del barrio.

El Barrio Alto es uno de los barrios de Lisboa donde se pueden encontrar las raíces de una tradición muy antigua. Allí se encuentran las huellas de aventureros y conquistadores.

El barrio puede recorrerse fácilmente a pie, y es también la mejor manera pues nos permite apreciar los detalles: los niños jugando en la plaza, los balcones de los que cuelgan prendas, y los detalles de la fachadas.  También podremos ver las vidrieras de numerosos locales de diseño, galerías de arte y casas de decoración exclusivas que se han instalado en el barrio.

Este barrio cuenta con una numerosa variedad de bares, confiterías y restaurantes. Las calles están animadas tanto de día como de noche, y la oferta de entretenimiento es amplia, variada y adaptable a todos los gustos.

El barrio lleva el nombre de “alto” por encontrarse en una colina, por lo que las calles tienen cuestas y escaleras. Puede que al fin del día nos sintamos agotados, pero, al menos sabremos que valió la pena. Si queremos hacer una parada cultural podemos visitar el museo de Historia Natural y Ciencia o el Jardín Botánico.

Por último, la oferta gastronómica es destacable. Hay tantos y tan diferentes que es complicado hacer una selección para recomendarles. Dado el espíritu del lugar, lo mejor es entrar al que os guste más y disfrutar del ambiente. Eso sí, ¡no os olvidéis de pedir una tradicional caipiriña!

El Monumento de los Descubrimientos en Lisboa

En conmemoración a los 500 años del fallecimiento de Enrique el Navegante, se construyó a orillas del río Tajo en Belém, ciudad de Lisboa, el Monumento a los descubrimientos, unos de los monolitos más importantes de Europa, y por ende de Portugal también.

El monumento ubicado junto a la Torre de Belém y al Monasterio de los Jerónimos fue edificado en el año 1960 y su construcción fue impuesta por el dictador portugués António de Oliveira Salazar.

Esta majestuosidad posee dos partes, una este y otra oeste divididas en su proa por la imagen de Enrique el Navegante, una persona de mucho peso en la historia del país lusitano cuando de descubrimientos se habla. Este aventurero descubrió a lo largo de sus colonizaciones a las Islas Azores, Madeira y Cabo Verde.

Este mausoleo con forma de carabela, atesora otras figuras importantes en el campo de la gestación de los que es hoy Portugal como República en sí misma, como las estatuas de Manuel I, Vasco da Gama, Alfonso V y otras treinta esculturas que conforman a cartógrafos, navegantes, capitanes, cosmógrafos y misioneros, todos ellos determinantes en cualquier expedición que se realizara a nuevas tierras.

La única mujer que aparece entre las 33 personalidades destacadas es Felipa de Lancaster, madre de Enrique. En el interior del monumento hay distintas salas, que a través de proyecciones y objetos, ilustran la formación de la ciudad de Lisboa.

Para tomar algo

Pensión Amor”, es el nombre del espacio del que te vamos a hablar hoy. Es uno de los locales de moda de la capital portuguesa, y no es para menos, ya que para intentar hacerse un hueco en una ciudad, hay que buscar conceptos originales que atraigan a más de uno. No vale con poner una cafetería curiosa, tiene que sorprender, que atraer, e incluso hipnotizar a cuantos pasen por delante. ¿Aún no te ha quedado claro qué es lo que puedes encontrar aquí? No te extrañes, porque aunque pases por delante de la puerta, no lo averiguarás hasta que entres. Pero aquí te lo explicaremos.

Lo que está claro a la hora de abrir un nuevo negocio, es que si quieres especializarte en algo en concreto, por ejemplo, una librería, tienes que ser muy original y atraer al público con un nuevo concepto. Así que los dueños de este lugar, llamado “Pensión Amor”, decidieron diversificar, en vez de especializarse. Y por eso han creado un espacio en el que convergen otros modelos de negocio de lo más originales. Desde una cafetería hasta una librería erótica. Obviamente, todo está regido bajo un mismo concepto estético, el del cabaret, y en torno a ello, confluyen los negocios.

Pero todo tiene una historia. Y este sitio no iba a ser menos. El pasado de este lugar es escabroso, pues era nada más y nada menos que una pensión -como indica su nombre, claro está-, al que acudían marineros que pasaban horas con prostitutas. Obviamente, el nombre de “amor” le queda grande, pero de eso ya no queda nada. En su lugar, hay diversos espacios que se unen bajo un concepto estético, y que todo se rige en torno a él: la cafetería, con sus colores característicos, luces tenues, música insinuante…

De hecho, el lugar que atrae a más gente es precisamente ese, la cafetería. Es un sitio donde hay mucho terciopelo, tejidos de rejilla y sofás cómodos donde tomar un café. O no solo un café, sino que también podemos disfrutar de algunos cócteles y copazos que harán que nos mareemos y nos fijemos en grandes detalles en los que no habíamos reparado hasta ahora: una pintura en el techo que reproduce la Capilla Sixtina. Podrías pasar largas horas admirando ese techo, que aunque no es una maravilla, sí que es una perfecta reproducción.

Pero si te esperabas que esto era lo único que podrías encontrar en este espacio, te estás equivocando. El lugar es para recorrerlo, cual museo. Si ya lo dicen en la entrada: “Entren y vean con sus propios ojos”. Algo insinuante, que invita a la entrada, y que pica la curiosidad. Podemos encontrar a un peluquero especializado en marineros y estudiantes, o también podríamos aprovechar nuestra visita para salir de ahí con un libro picante con sugerentes ilustraciones, o incluso con un regalo para nuestra pareja, ya que también hay una tienda de ropa interior sexy. Lo que está claro es que sabemos cómo entramos, pero no con qué salimos.

 

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