Aventura fluvial por el Alentejo

Alentejo en Portugal

El gigantesco embalse portugués de Alqueva, a una hora de Badajoz, ofrece travesías a bordo de un barco-casa. Cualquiera puede coger el timón: basta hacer un cursillo de 45 minutos y lanzarse a vivir una experiencia sensacional sobre las aguas remansadas del Guadiana.

Como un espejismo natural. Apenas una hora después de cruzar la invisible raya fronteriza entre los encinares pacenses y las dehesas lusas, un gigantesco lago artificial extiende sus brazos húmedos por nuestras vecinas tierras alentejanas. Lo parece, pero no es un espejismo. Es la magia del embalse de Alqueva, el mayor pantano de Europa creado en 2002, cuyas aguas calmas reflejan los encantos naturales y rurales de esta silenciosa región del centro de Portugal, una zona ideal para hacer turismo, Alentejo.

Alentejo desde un barco-casa

En un rincón de este inmenso espejo de agua, de 205 kilómetros cuadrados de superficie, la compañía Amieira Marina alquila confortables barcos-casa con distinta capacidad (hay desde dos hasta doce personas). No es necesario tener permiso de navegación para tripularlos: solo hacer un breve cursillo de unos 45 minutos y ¡comienza la aventura! Dos días sobre el lago es el mínimo imprescindible para navegar hasta el pueblo de Monsaraz, una de las joyas del Alentejo, que se yergue sobre una colina en la ribera del lago. Quien opte por cinco días o más podrá completar el trayecto de 83 kilómetros de longitud hasta Juromenha, la aldea más septentrional. En la recepción de Amieira Marina, Manuel y Víctor dan las enseñanzas e informaciones precisas para que todo marche viento en popa: mapas, sugerencias, consejos… Conducir un barco se convierte en cosa de niños.

Sabor y color del paisaje alentejano

Navegar entre parajes alentejanos enciende los sentidos: la luz del intenso sol, el olor de las jaras, el trino de los pájaros y los mil y un verdes de las encinas, los alcornoques y los pinos, los ocres del terruño… La naturaleza campa aquí a sus anchas y uno siente el privilegio de formar parte de ella. Rodeada de frescor, chapuzón tras chapuzón, la mirada pone rumbo a alguna isla, colina o aldea ribereña. Se arranca el motor, se encienden el sónar y el GPS y ¡adelante! Después de atracar, el magnífico equipamiento de los barcos permite hacer una barbacoa a bordo y saborear un delicioso picnic en platos de loza y copas de cristal bajo alguna encina centenaria.

A la hora de dormir, el atraque puede realizarse en plena naturaleza costera (1.160 kilómetros de perímetro ) o en alguno de los pequeños embarcaderos de las aldeas. La seguridad es absoluta. Convertidos ya en expertos marineros, los miembros de la tripulación saben atracar y atar los cabos en árboles o en estacas de hierro que transporta la embarcación. Todo está previsto y pensado. Y la noche, mecidos por el sutil oleaje bajo las estrellas, es una delicia más.

Las aldeas ribereñas imprescindibles

Un puñado de pueblecitos blancos se asoman al gran lago desde alguna colina, mostrando su arquitectura tradicional y el sabor rural alentejano más auténtico. Todos cuentan con un pequeño embarcadero donde atracar el barco-casa y algún pequeño restaurante de cocina tradicional donde hacer un alto para repostar. Muchos restaurante ofrecen un servicio de transfer en coche desde el embarcadero, si se desea contratar.

Amieira era una aldea muy aislada antes de la construcción de la presa de Alqueva. Conserva un rico patrimonio cultural alentejano. Su cocina es heredera de la mejor tradición de caza, del pez del río y de los productos de la sierra.

Alqueva es la pequeña población de la que toma el nombre el embalse por ser la más cercana a la presa. Cuenta con valiosos ejemplos de arquitectura popular alentejana.

Estrela cuenta con algo más de un centenar de habitantes y un caserío encalado dominado por una iglesia sencilla y llena de encanto. El embalse abraza la aldea, que queda unida a tierra por un costado.

Aldea de Luz es la población más nueva del país. Fue construida para realojar a los 373 habitantes de la antigua Aldea de Luz que quedó inundada por las aguas del pantano de Alqueva. Planificada según los patrones arquitectónicos y tradicionales de la zona, es un modelo de la salvaguarda de los valores de la comunidad. El interesantísimo Museo de Luz, ubicado en un magnífico edificio moderno, explica la historia del pueblo.

A Campinho se llega caminando por una senda empedrada. Esta pequeña aldea, eminentemente agrícola tiene 900 habitantes.

Monsaraz (foto izq) es la joya del embalse. Erguido sobre un escarpe rocoso, su perfil fortificado, moteado de casas encaladas, se divisa desde la lejanía del pantano. Sus calles empedradas son una atalaya desde la que emocionarse contemplando las sobrecogedoras vistas: los campos alentejanos por un lado y el embalse por otro. Quien las disfrute al atardecer, durante la hechizante puesta de sol, querrá repetir y volverá algún día.

El enorme castillo de Mourao sobresale en lo alto de una colina que se vislumbra desde el lago en la lejanía. Guardián de la independencia nacional, este pueblo fronterizo jugó un papel importante en defender los límites del territorio portugués.

Juromenha. Esta aldea destaca por su importante fortificación levantada a finales del siglo XI, durante la ocupación islámica, para repeler las incursiones cristianas.

Esta experiencia fluvial a bordo del barco-casa puede suponer las vacaciones alternativas perfectas para conocer el Alentejo de Portugal.

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