15 consejos para hacer el camino de Santiago

Camino de Santiago: 15 cosejos

  • Aunque cada uno hace el camino por motivos muy diversos, y no siempre religiosos, no olvides que es una ruta de peregrinación nacida de la hospitalidad. Así que recuerda: “El peregrino no exige, agradece”.
  • Elige bien tu ruta. Hay tantos caminos a Santiago como caminantes. El Camino Francés, el más conocido, es también el más masificado en verano. El Camino del Norte, que va por la costa, es perfecto para verano y hay mucha menos gente. La Vía de la Plata es también más solitaria, pero con zonas muy secas y duras en verano. El Camino Portugués, que empieza en Lisboa, es un gran desconocido.
  • La mejor época para el Camino Francés y la Vía de la Plata es mayo y junio, seguida de septiembre y principios de octubre. Las temperaturas son suaves; los riesgos meteorológicos, previsibles, y los refugios ofrecen una ocupación moderada. Quienes busquen el verdadero espíritu medieval del peregrino solitario deben optar por el invierno.
  • ¿Cuántos kilómetros puedo hacer al día? Dependerá de tu condición física y cuanto estés habituado al senderismo. Lo normal es empezar haciendo entre 20 y 25 kilómetros al día; media que se puede subir a 30 en los días sucesivos. Lo mejor es no llevar prisa ni metas preestablecidas e ir adecuando el ritmo de cada día a las condiciones del momento.
  • Entrena antes. Afrontar más de 800 kilómetros a pie si nunca se han caminado largas distancias es una temeridad. Conviene en ese caso entrenar durante los meses previos, dando largos paseos (de varios kilómetros) con las mismas botas y mochila que se vayan a emplear para el viaje.
  • Albergues. Si algo diferencia a la ruta jacobea de otras rutas senderistas es la red de albergues para peregrinos. Nacieron como atención hospitalaria y desinteresada al caminante, pero poco a poco han ido derivando en negocios privados, no siempre desinteresados. Encontrarás de todo: albergues regidos por la iglesia o asociaciones donde se duerme por un donativo (cada vez quedan menos), otros (la mayoría) que exigen una cantidad de dinero fija y algunos que funcionan ya como si fueran un hostal.
  • En general los albergues no abren hasta mediodía o primera hora de la tarde y exigen silencio a una hora temprana (entre las 21.00 y 23.00, según los casos). No se puede permanecer más de una noche, salvo enfermedad, y tienen preferencia los caminantes frente a ciclistas y jinetes.
  • Es imprescindible que lleves la credencial, un carné desplegable y dividido en varias casillas en blanco donde los hospitaleros ponen un sello para autentificar el paso por la ruta jacobea. Te la exigirán para pernoctar en cualquiera de los albergues del Camino. Se consigue en los principales albergues, en iglesias, en algunas oficinas de Turismo de la zona o en las asociaciones de Amigos del Camino de tu ciudad.
  • Lo importante es llegar de seguido a pie o en bici a Santiago. Si no tienes 30 días es preferible adelantar el punto de inicio para adecuarlo a las fechas de que dispones en vez de empezar en Roncesvalles, por ejemplo, y salvar tramos intermedios en coche.
  • Planifica las dos primeras etapas más cortas que las siguientes; es en los atracones iniciales donde más peregrinos se retiran con tendinitis o ampollas.
  • El peso es el mayor enemigo del caminante. Piensa que a lo largo del camino puedes comprar de todo, desde medicinas a ropa o comida. No eches nada “por si las moscas”. En los albergues se pueden lavar y secar camisetas, calcetines y ropa interior y así no tienes que añadir mucha ropa a la mochila.
  • Las almohadas de los albergues no siempre están muy limpias. Echa en la mochila una funda de almohada, que no pesa nada, y úsala cada noche donde vayas a dormir.
  • Los caminos de Santiago están señalizados con flechas amarillas, postes de madera y mojones de piedra. El Francés, el del Norte y la Vía de la Plata están muy bien marcados y es ya prácticamente imposible perderse. El Portugués tiene aún tramos en la zona de Portugal donde la señalización flojea o resulta escasa.
  • Ampollas: es la palabra maldita del Camino. Se producen por el roce continuo de botas o calcetines contra la piel, pero también por gérmenes provocados por la excesiva sudoración. La mejor profilaxis es un calzado cómodo y bien adaptado al pie, pero aun así resulta casi imposible que en 800 kilómetros no aparezca ninguna.
  • Conviene añadir al equipaje un pequeño botiquín, pero solo con cosas de primeros auxilios y para curar ampollas; lo que no sea de urgencia se puede conseguir en las farmacias de la ruta. Calcetines y botas adecuados, higiene y estiramientos antes de empezar la etapa son la mejor manera de prevenir tendinitis, ampollas y calambres musculares.

Consulta nuestro articulo sobre el Camino de Santiago y la naturaleza.

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