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La Habana

Que ver y hacer en la Habana

Una de las letras más conocidas del fallecido cantautor granadino Carlos Cano identifica a La Habana, capital cubana, con Cádiz, “perla” del Atlántico andaluz. “La Habana es Cádiz con más negritos; Cádiz, La Habana con más salero”. La comparación viene perfectamente a cuento para imaginar la atmósfera e incluso la arquitectura de la impresionante ciudad caribeña, que ha dado nombre a canciones nostálgicas y a cigarros de calidad y a la que identificamos con un son y un estilo de vida.

La Habana es el Malecón y el Vedado, la Bodeguita del Medio y el Floridita, leyendas de corsarios y piratas, el Tropicana y la casa natal de José Martí (uno de los grandes iconos patrios), música y colorido. En cualquier rincón de la ciudad, un intérprete virtuoso sorprende al viajero con una balada nostálgica y la sonrisa de un niño acompaña el disfrute de un mojito o de un diaquiri. Porque el corazón de Cuba es esto y mucho más.

Al fin y al cabo, su población es el resultado de un cruce de culturas entre lo español y lo africano, extraño batiburrillo al que también se han adherido, en menores dosis, lo haitiano y lo francés, lo chino y lo alemán e incluso lo ruso. Mezclando todos estos componentes en una coctelera, el resultado es una demografía prodigiosa.

Porque en las calles siempre se respira algarabía, tanto la procedente del hablar de los propios cubanos, capaces de extender interminablemente sus historias (así como, en muchos casos, sus propias vidas) como la de las músicas caribeñas, entre ellas el son y el danzón, pero también el “guaguancó”, al que el cineasta Manuel Gutiérrez Aragón (una de cuyas más interesantes películas se titula “Cosas que dejé en La Habana”) califica como “la música más sensual y, al mismo tiempo, más desolada de Cuba”.

Rodeado de las Playas del Este o del complejo de la Marina Hemingway (obviamente el recuerdo del escritor y aventuerero norteamericano enamorado de la perla del Caribe lo impregna todo en la ciudad), el verdadero ser habanero se refleja mejor en el Malecón, en la Plaza Vieja o en la de la Catedral, bellísimo escenario de la época colonial, donde parece que el tiempo se ha detenido. Espacio adoquinado y relajante, la atmósfera parece cargada de recuerdos, entre ellos el del escritor Lezama Lima (uno de los grandes portadores de las esencias habaneras) y cliente habitual del restaurante que allí mismo se ubica.

Antes llamada Plaza de la Ciénaga, la de la Catedral se asienta en el lugar donde se configuró la ciudad a finales del año 1519. La primera piedra de la seo fue colocada por los jesuitas en 1748 y treinta años más tarde ya comenzó a ejercer como lugar de reunión para los fieles. En ella dejaron su impronta los artistas italianos Bianchini y Perovani y su nave central acogió durante mucho tiempo un monumentos funerario dedicado a Cristóbal Colón. La catedral alberga la capilla de Nuestra Señora del Loreto, pero, como contrapartida, también es sede de otro tipo de convocatorias de corte social.

En sus alrededores se levantan una serie de bellas residencias coloniales, como la casa del Conde de San Juan de Jaruco, la del Conde de la Reunión (sede del Museo Alejo Carpentier), la del Marqués de los Arcos, la del Conde Bayona (donde se ubica el Museo de arte Colonial) o la del Marqués de Aguas Claras, uno de los más atractivos palacios, con grandes vitrales y un patio central con fuente de mármol.

Es el corazón de La Habana Vieja, el barrio que se corresponde con la antigua villa de San Cristóbal de La Habana, verdadero origen de la ciudad, Patrimonio de la Humanidad y un conjunto colonial de inaudita belleza, con sus callejuelas empedradas, sus balcones, sus plazas y sus palacios, y al que nunca abandona un cierto aire de decadencia.

La otra gran plaza es la de Armas, del siglo XVI, donde llevaban a cabo sus ejercicios las tropas coloniales y, más tarde, el capitán general de la isla presidía los acontecimientos más importantes. La estatua de Carlos Manuel de Céspedes domina el conjunto, como con anterioridad lo hiciera la dedicada a Fernando VII.

También alberga el Templete, que conmemora la fundación de la ciudad y es su primera obra neoclásica, con unos pilares coronados por el “ananás” (la piña), la reina de las frutas tropicales. En el interior hay tres frescos del autor francés Jean-Baptiste Vermay.

Del recinto de la Plaza forma también parte el Palacio Municipal, que ha albergado, sucesivamente, a diferentes poderes habaneros. Así, fue Casa de Gobierno, Palacio de los Capitanes Generales e incluso sede de la Presidencia de la República en los albores del siglo XX. Hoy acoge el Museo de la Ciudad, un homenaje a los héroes de la Independencia, como los citados Céspedes y Martí.

El Palacio del Conde Santovenia, el del Segundo Cabo o el de don Gaspar Riberos de Vasconcelos (el más antiguo de todos) también forman parte del impresionante complejo que rodea a este bello enclave del corazón habanero.

Desde la Plaza de Armas se puede visitar el castillo de la Fuerza, primera defensa ante los ataques corsarios, que siempre tuvieron a la capital cubana como uno de sus grandes objetivos. En lo alto de la torre se encuentra la Giraldilla, uno de los grandes símbolos de la ciudad, realizado en el siglo XVII, en homenaje a Inés de Bobadilla, mujer del gobernador De Soto y quien le sustituyó a su muerte.

Hay una leyenda de aire muy español según la cual Inés ascendía después, todas las noches, a ese punto de las defensas de la ciudad, persuadida de que algún día se produciría el retorno de su esposo, acaso patroneando un bergantín. La Giraldilla es hoy la imagen de una conocida marca de ron.

Otra de las grandes es la de San Carlos de la Cabaña, edificada por los españoles a finales del siglo XVIII y que fue durante mucho tiempo una de las más poderosas de Latinoamérica. No obstante, también tiene una leyenda negra, como lugar donde se practicaron ejecuciones durante la Independencia y, más modernamente, en tiempos de la Revolución. Todas las noches, entre las 20.30 y las 21 horas, tiene lugar la “ceremonia del cañonazo”, un tiro de salva disparado desde un viejo cañon por una escuadra vestida con uniformes del siglo XIX, aviso del cierre de las puertas de la muralla y el puerto, tradición que se mantiene desde la época colonial.

A escasa distancia de estos escenarios, el Palacio Aldama es uno de los mejores ejemplos del neoclásico habanero y, durante la colonia, ejerció como sede del tribunal de la ciudad. Y el Prado (o Paseo José Martí) era, a finales del siglo XIX, la avenida aristocrática y por donde circulaban las calesas y se organizaban los grandes desfiles de Carnaval. Bajando por esta ruta se accede el Capitolio, erigido en 1929 en imitación al de Washington y que, hasta el triunfo de la Revolución, era la sede de la Cámara de Representantes y del Senado, hoy acoge un Museo y una Academia, pero sigue siendo una de las grandes postales de la ciudad. Al igual que el castillo de los Tres Reyes del Morro (el Morro, sucintamente), de privilegiada ubicación sobre la ensenada y erigido, a caballo entre los siglos XVI y XVII, por el arquitecto militar Bautista Antonelli. Actualmente dedicado al turismo, planea en su atmósfera el recuerdo de los tiempos en que fue tomado por los británicos como primer paso para la anexión de la ciudad, y la posterior reconquista española.

Al otro lado de las murallas se encuentra La Habana moderna, con el Malecón como cordón umbilical. No en balde, este paseo marítimo, construido en diferentes etapas entre los años veinte y los cincuenta del siglo pasado, tiene varios kilómetros de extensión. Hasta seis carriles lo contemplan y recorrerlo es disfrutar del mar en estado puro. Respetado por un tráfico que nunca alcanza la intensidad de las ciudades del Primer Mundo, es un lugar clave de la magia habanera, frente por frente al monumento que conmemora la voladura del Maine, ese momento histórico de finales del siglo XIX a partir del cual la historia de Cuba dio un brusco giro.

De la Habana moderna también forma parte el Vedado, el barrio de los hoteles, los negocios y el comercio, del que se dice, salvando las distancias, que guarda cierta similitud con las ciudades norteamericanas. Los Hoteles Nacional y Habana Libre (antiguo Hilton) o la cercana heladería Coppelia (escenario de la mítica película “Fresa y chocolate”, que permitió descubrir al mundo al gran director cubano Tomás Gutiérrez Alea, ya fallecido) son dos de las grandes referencias en el Vedado.

Al sur del Vedado está la Plaza de la Revolución, escenario de múltiples manifestaciones políticas. Es una extensa explanada de más de cuatro hectáreas, en cuyo centro se alza un complejo monumental en honor del héroe de la Independencia, José Martí, junto a otras iconografías, como la del Che Guevara, cuya muerte en Bolivia, allá por 1968, se lloró muy intensamente en esta plaza que parece invitar a los sentimientos y a los excesos.

La Habana merece, por sí misma, una relajada estancia. Es una ciudad que se relaciona muy mal con las prisas, igual que sus moradores. Por eso, lo mejor es disfrutarla sorbo a sorbo, extrayendo la esencia de cada momento.

Si se dispone del tiempo necesario, también puede ejercer como punto de partida hacia otros escenarios idílicos más o menos cercanos, como Matanzas, Pinar del Río (con Vuelta Abajo, epicentro de la cultura del tabaco cubano), Varadero o los propios Cayos, pero tampoco es necesario recorrerlo todo con las prisas del turista europeo. El Caribe y su clima invitan a otro tipo de viaje, ese en el que muchos de los kilómetros los recorre nuestra imaginación.

De compras por La Habana

De la Habana es imprescindible traerse los mundialmente famosos cigarros habanos y el excelente ron, pero también se puede comprar artesanía popular, instrumentos musicales -maracas, bongoes, güiros, tumbadora-, pintura y objetos de santería, en el Palacio de la Artesanía (Cuba 64, esquina Tacón) el edificio era el antiguo Palacio Pedroso. Muy cerca, entre la Catedral y el Puerto, hay un mercado de artesanía popular.

En la Travesía (O´Reilly esquina Monserrat) artesanía afro-cubana. En la Manzana de Gómez (San Rafael esquina Agramonte) hay un conjunto de tiendas de tipo europeo para comprar recuerdos. En la Maison del barrio de Miramar se encuentran antigüedades, moda y joyería. Una visita curiosa es a la Botica de Santa Catalina (Obispo esquina Mercaderes) para comprar hierbas y plantas medicinales de la mundialmente famosa farmacopea cubana. El Área de Vendedoras por Cuenta Propia (Máximo Gómez esquina Suárez) es un mercadillo donde entre otras muchas cosas se encuentran objetos de música y trabajos de madera.

En la Habana Vieja, la Casa del Ron (Obispo 527) ofrece los mejores y más selectos tipos de ron de la isla. Y, en la Fábrica Partagas (Industria 520 esquina Barcelona y Dragones) es el lugar adecuado para conocer el proceso de fabricación de los famosos puros… y por supuesto un buen sitio donde comprarlos. En todos los hoteles de la ciudad hay tiendas y, varios centros comerciales ofrecen todo tipo de tiendas en sus instalaciones.

Salir de noche por La Habana

La música y los cócteles son los ingredientes fundamentales de la noche cubana. La fiesta puede empezar con la visita a Tropicana, “un paraíso bajo las estrellas”, el más famoso cabaret de la ciudad, que abrió sus puertas en 1939 y presenta cada noche un gran espectáculo de música cubana. La música tradicional se escucha en La Casa de la Trova (San Lázaro, 66), cerca del Parque Maceo, donde se toca el verdadero son. Para escuchar boleros y guarachas, una buena elección es el Salón Benny Moré.

Los Jardines de 1830, en el Malecón, en uno de los rincones más agradables para bailar bajo las estrellas. En el “Gato Tuerto”, boleros cubanos y en el “Bar Delirio Cubano” (altos del Teatro Nacional) música cubana los jueves y sábados con actuaciones del grupo “Los tres de La Habana”. El complejo del restaurante “La Cecilia” (Miramar) los fines de semana actuaciones en vivo, de grupos cubanos de moda.

La discoteca “Macumba” del complejo turístico La Giraldilla, “noches de salsa y show” todos los días de la semana. El Havana Café (Hotel Meliá Cohiba) ofrece música en vivo y los mejores daikirís del Caribe. En el piso 25 del Hotel Habana Libre el cabaret Turquino funciona hasta la madrugada, y tiene unas preciosas vistas de la ciudad. Revistas musicales, llenas de ritmo cubano se pueden ver en Le Parisien (Hotel Nacional), otro lugar muy concurrido es el “Club de la Zona”; y el “Cuervo” es un santuario del jazz latino (calle 23). Junto con la Bodeguita del Medio, que lleva de moda más de cinco décadas, El Floridita es uno de los lugares más renombrados de los tiempos de la mítica Habana, y su nombre está ligado al de Hemingway.

Esto es solo una pequeña muestra. En esta ciudad caribeña hay muchos más para todos los gustos y para todos los que tengan ganas de disfrutar en ella. En 1945, nació el “feeling”, es el estilo musical que representa el sentimiento y la emoción.

La cocina en La Habana

La alegría, la eclosión de sabores y la acogida propia de los cubanos se refleja asimismo en una comida colorista, sensual y mestiza de esta “perla de las Antillas”. Su variación se debe a la fusión de culturas, presidida por la española (con el consabido componente judío y árabe) y la africana, pero también la llegada de chinos, europeos… precedida por la cultura de los aborígenes “tainos” que poblaban la isla cuando llegó Colón.

Se conoce poco la alimentación de aquellos indocubanos. Los “siboneyes” eran principalmente pescadores y cazadores. Los Tainos sustituyeron paulatinamente a aquellos y además de pescar y cazar también fueron agricultores.
Como en el resto de América se utilizaba también en la alimentación prioritariamente el maíz, la yuca, los ajíes y algunas raíces. En el capítulo de las carnes se puede mencionar la jutía, el maja, manatí y patos. El anón, la piña, el coco, la papaya, el mango y el mamey se cuentan entre las principales frutas. Si América llegó a Europa, a través de España, el maíz, el pimiento, el tomate, la yuca, la papa, el aguacate, el cacao, el pavo y el maní (cacahuete), los españoles aportaron limón, naranja, melón, melocotón, pera, plátano, trigo, arroz y las carnes de cerdo y vacuno.

RECETAS ANCESTRALES E INFLUENCIAS ESPAÑOLAS
El antiguo ajiaco es un guiso similar a las ollas españolas, en el que se cocinaba ajíes, yuca y maíz. Posteriormente con la introducción de carnes, evolucionó hasta ser un guiso similar a las ollas y cocidos españoles, así como al ajiaco bogotano que tiene también papas, carnes y otros elementos. El calabu es un potaje similar al ajiaco. La sopa de cazabe, se compone de este (torta de yuca desecada y

rallada) con caldo y huevos duros. Con la catibia, se hace también el matahambre, añadiendo básicamente huevos batidos y azúcar.

La jutia (roedor de las Antillas) se asaba al espiche o a la parrilla o al horno.
Curiosamente la salsa de perro, receta del siglo XIX que viene a ser un caldo del llamado pez perro, es muy similar al “caldillo de perro” de la bahía de Cádiz, hecho con pescadilla y naranja agria y, que posiblemente tenga relación con aquella. Aparte los españoles aportaron su afición por las ollas y potajes así como el aderezo con ajos y cebollas, los arroces, e incluso la ropa vieja que aún pervive.

La influencia de la dulcería española persiste en el arroz con leche, las natillas, el pudín, el flan de calabaza, los pellizquitos de monja, el cabello de ángel y las frutas en almíbar (boniato, coco, papaya, mango, cascos de guayaba y de naranja).

LOS SABORES AFRICANOS Y CHINOS
El ritmo africano, se adentra también en las culturas culinarias. Llegaron con los esclavos y quedaron las recetas para alimentarlos en los barracones.
El arroz con huevos fritos, era uno de los platos característicos. De hecho, en la Cuba de hoy aquel es ingrediente habitual en las guarniciones.  No se puede olvidar la influencia china en la isla, representada por el arroz blanco frito y el arroz chino que lleva camarones, tiritas de jamón y de cerdo, brotes de soja, cilantro…

También se consumía y aún se toman las viandas hervidas. Estas son tubérculos, malanga, yuca, boniato, calabaza y, también plátano para cocinar. El tasajo era y es carne de res salada y desecada, que resulta muy fácil de conservar y puede formar parte de distintas preparaciones; frito, asado, guisado o en picadillo. Primero se desala como se hace con el bacalao.

Los chicharrones de cerdo se presentan de tres formas. Los chicharrones de grasa (taquitos de cerdo rehogados), de pellejo (trocitos de la piel del cerdo cocinados en manteca) y de viento (inflados, crujientes y dorados) similares a las cortezas que se toman a la hora del aperitivo en España. La carne de cerdo cimarrón con boniatos es también herencia africana. El quimbombó fruto de esa planta se utiliza en guisos diversos.

COCINA CRIOLLA
Todos estos antecedentes y algunos más forman la cocina caribeña o criolla. Hoy en día está muy limitada por la escasez de ingredientes. De estos no se puede olvidar el maíz, tan presente en todo el continente, base de los tamales y del frangollo (dulce formado con azúcar y ralladura de limón).
El plátano es un ingrediente asequible y por lo tanto omnipresente en la mesa

popular y turística cubana. El de cocinar es frecuente acompañamiento de guisos y carnes. Así, como el plátano macho, frito en rodajas gordas, se llama tostón. Las mariquitas son rodajas de plátano muy finas también fritas, compañía habitual de los daiquiris, mojitos y cervezas o como guarnición de carnes. De estas, el cerdo y el pollo son básicos. El lechón a la criolla se adoba para asarlo después a la parrilla o al horno. Los niños envueltos idénticos a los nuestros es un bistec relleno, enrollado y guisado. Las aves (pollo, gallina, gallina de Guinea, pato o pichón) son frecuentes a la cazuela, fritas, asada o rellenas. Los pollos cubanos tienen justificada fama, pues son muy sabrosos. El pollo ranchero con arroz y vianda frita es una de las recetas más populares.

El plato estrella omnipresente en la dieta local es el congrí o moros y cristianos, que combinan dos ingredientes básicos: los frijoles (alubias) colorados o negros (los moros) y el arroz blanco (los cristianos). Se toman solos o con pollo, etc.

También los frijoles blancos se toman en potaje a nuestro estilo.
No es una cocina picante, pero si muy bien condimentada con especias, hierbas aromáticas, comino, orégano, ajos, ají y naranja agria, muy al gusto de la cocina moderna. No hay que olvidarse del chilindrón de chivo.

Los pescados y mariscos del Caribe, figuran en la mesa de los turistas y algunos afortunados. De aquellos, la langosta, camarones (gambas), cangrejos y ostiones son los más conocidos.
De aquellos, el pargo y el cherne, similar al mero, se preparan a la plancha o al horno previamente cortados en rodajas. Los tubérculos anteriormente citados y las papas, una vez cocidos se preparan en ocasiones con salsa de naranja agria y acompañan pescados, aves y carnes.

Además de los postre de origen español, las exquisitas frutas tropicales y el coco se toman al natural, en dulce, soufflé. El coquimol es a base de coco y azúcar, cucubé es una pasta de yuca moldeada y horneada, yemas de coco, manjar cubano, también con coco, piña y frutos secos. A los cubanos les gusta el dulce de eso no hay duda y también el queso fresco.

COMER EN LA HABANA
“La perla de las Antillas” atrae un turismo creciente por su clima, la belleza de las playas, la naturaleza y la simpatía de sus habitantes. La Habana es una ciudad preciosa y alegre. Son bastantes los cafés y restaurantes donde se puede tomar comida de distintos países además de la criolla. Mucho de ellos circundados de vegetación en parques y jardines o terrazas y otros, en lo hoteles dedicados a los turistas.

Todos los mejores son del Estado o de algunos particulares. En este caso se llaman paladares. En aquellos, se consiguen las mejores materias primas, un servicio amable preparado en la escuela de hostelería y preparaciones basadas en la cocina internacional y autóctona.

Desde hace un lustro, aproximadamente, están permitidos los paladares. Estos se ubican en algunas casas particulares que están autorizados a recibir comensales. Son restaurantes familiares con el encanto y la dedicación que ello conlleva. Su aforo se reduce a una docena de clientes y en la oferta no se puede servir mariscos ni carne de res. A pesar de estas limitaciones tienen gran éxito y hay que reservar siempre de antemano. Todos los visitantes ilustres pasan por sus mesas.

Las fiestas mas populares en La Habana

Las principales celebraciones cubanas no hacen referencia a festividades religiosas, sino que se relacionan a conmemoraciones de acontecimientos o fechas de la Independencia y la Revolución. Cuba festeja los carnavales, aunque en otras fechas. Por ejemplo, en Santiago tienen lugar durante las dos últimas semanas de julio y la primera de agosto (conmemoran el final de la zafra azucarera, cuando se permitía a los esclavos bailar y festejar).

En la Habana es en el mes de julio cuando se organizan desfiles frente al Capitolio o a lo largo del Malecón. Otras fiestas especiales son: el Festival Internacional de Jazz de la Habana en febrero, y el Festival Internacional de Teatro en el mes de septiembre. A mediados de octubre, en Matanzas, se celebra el Festival del Bailador Rumbero, y en el mes de noviembre en Guanabacoa se celebra el Festival de Raíces Africanas. En diciembre tiene lugar el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

Que visitar cerca de La Habana

Cuba es la mayor de las islas del Caribe, y uno de los destinos turísticos más atractivos. Las bellezas de la isla, son una continua invitación a descubrirla. Sus playas vírgenes de agua cristalina, la naturaleza salvaje de las sierras de Escambray, la exuberante vegetación, los paisajes de Baracoa, el ritmo de ciudades de bullicio desbordante como Santiago, o los vestigios del pasado colonial de Trinidad, Camagüey, Bayamo o La Habana, la ciudad más grande del Caribe. Sin olvidar la alegría de sus gentes y su música, elemento vivo en la isla y manifestación artística por excelencia de este pueblo. Un paseo por la isla y sus catorce provincias puede ser una aventura fascinante.

CAMAGÜEY
Con el nombre de Santa María del Puerto Príncipe fue fundada en 1514 por Diego Velázquez, en la bahía de Nuevitas. Los constantes ataques piratas obligaron a cambiar su emplazamiento en dos ocasiones; años más tarde se levantó en el centro de la región con el nombre de Puerto Príncipe, hasta que en 1903 recuperó su nombre indígena. El trazado medieval de sus calles y la arquitectura colonial le confieren su carácter único. Lo más representativo de la arquitectura local son sus patios interiores, donde se situaban grandes tinajas de barro para almacenar el agua de la lluvia, lo que le valió el sobrenombre de “ciudad de los tinajones”. En el centro de la villa se levanta el Casino, zona de recreo y escenario político, el Parque Ignacio Agramonte -antigua Plaza de Armas- frente al que se construyó la Catedral. Son dignas de recorrer sus plazas, como la del Carmen, frente a la que se levanta la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, o la Plaza de San Juan de Dios, monumento nacional. Uno de los lugares más pintorescos, rodeada de varias construcciones coloniales, es la Iglesia y Hospital de San Juan de Dios.

Destaca también el Teatro Principal, la casa natal de Ignacio Agramonte, y la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced (monumento nacional). Alrededor de Bahía de Nuevitas se extienden finos arenales, como la playa Santa Lucía; más al sur se encuentra el Real, laguna poblada por flamencos rosados. La Sierra de Cubitas es una importante reserva de bosques tropicales y formaciones subterráneas de gran valor arqueológico, con pictografías aborígenes.

CIEGO DE ÁVILA
Es la capital de la provincia que lleva su nombre. En torno a la Avenida de la Independencia se encuentra uno de los monumentos más notables, el Teatro Principal. El corazón de la ciudad es el Parque Martí, con el correspondiente monumento al héroe nacional. Lo más atractivo para los visitantes son los Cayos Guillermo y Coco; este último mira hacia tierra firme por una impresionante carretera elevada. En él se puede visitar el rústico Parador de la Silla, el Parque Natural el Peñón, o la bella playa Flamenco. En Cayo Guillermo, las playas son de aguas transparentes, con una barrera de coral de las más impresionantes del país. Una estupenda playa es la del Pilar. En el mar Caribe está el Archipiélago de los Jardines de la Reina, una cadena de arrecifes coralíferos de 160 kilómetros de longitud, con manglares que cubren gran parte del litoral de estos cayos. Sol, playa, deportes náuticos y naturaleza son la carta de presentación de los cayos cubanos.

CIENFUEGOS
Situada en la costa sur de la región central de la isla, es una ciudad que conserva su pasado esplendor en la arquitectura de los monumentos y el perfecto trazado de sus calles de marcada influencia francesa. El ambiente neoclásico se hace patente en el Parque José Martí; en torno a él están situados la Catedral de la Purísima Concepción, con excepcionales vidrieras, el Teatro Tomás Terry, el Palacio Ferrer, que actualmente alberga la Casa de la Cultura, y el Museo Histórico. Lo más representativo de la ciudad es el Paseo del Prado, centro comercial por excelencia, y el Palacio del Valle, de estilo morisco. Otra referencia de la ciudad es el cementerio Tomás Acea, con una reproducción del Panteón de Atenas, o el Jardín Botánico, que alberga más de 2000 especies de plantas. A unos 25 kilómetros se localiza el castillo de Jagua, y el pintoresco pueblo de pescadores que lo rodea. En agosto se celebra uno de los carnavales más atractivos.

GRANMA
La provincia de Granma ofrece un paisaje salpicado de lugares históricos, de gran trascendencia en el sentimiento popular, por esto se la conoce como la cuna de la nacionalidad cubana. Bayamo, la capital, fundada por Diego Velázquez, se convirtió en la segunda villa de la isla después de Baracoa. Hoy es una ciudad que conserva en sus casas y sus calles una singular belleza. El centro de la vida de Bayamo es el Parque Céspedes o Plaza de la Revolución; en él se alza una estatua de bronce de Manuel Céspedes, que en 1868, delante del Ayuntamiento, proclamó la independencia de Cuba. La Catedral conserva un hermoso retablo barroco en la capilla de la Dolorosa. En esta provincia se encuentran el espectacular espacio natural del Parque Nacional de Sierra Maestra y el fascinante sendero de El Guafe, en el Parque Nacional Desembarco de Granma. Otro tesoro ecológico de la provincia es el Parque Nacional Turquino, de incomparable belleza.

GUANTÁNAMO
La provincia de Guantánamo es rica en tradiciones que muestran una cultura popular viva; la canción “guantanamera” es mundialmente famosa, y se ha convertido casi en un símbolo identificativo de Cuba. En la ciudad destaca la parroquia de Santa Catalina de Riccis, el Museo Municipal y el Palacio de Salcines, que alberga un centro provincial de arte. La popular escultura de la Fama corona

la torre del palacio. La bahía tiene más de 80 kilómetros cuadrados, y en la costa se suceden tranquilas playas. Asentada en un promontorio entre dos bahías, se encuentra la portuaria ciudad de Baracoa (“existencia de agua” en lengua taína), que fue la primera villa fundada por los españoles, y la primera capital, a la que Colón llamó Puerto Santo. Está rodeada de un bello paisaje tropical de bosques de exuberante vegetación que recuerdan los parajes de las islas de los Mares del Sur. Desde hace años, asentada en parte de la bahía está la base naval estadounidense.

HOLGUIN
Constituye uno de los más ricos escenarios de la naturaleza cubana. Altas sierras, fértiles llanos y playas de arena fina. “La tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto”, la calificó Cristóbal Colón al llegar a su costa el 27 de octubre de 1492. Las naves del almirante anclaron en la llamada Bahía de Bariay. En la capital destacan varios parques y notables museos, como el de Historia Provincial, el de Ciencias Naturales o el de Ambiente Cubano. Entre los monumentos religiosos destacan la Catedral de San Isidro y la Iglesia de San José. Toda la provincia tiene extraordinarios recursos turísticos: 41 playas, 17 bahías, 33 ríos, saltos y embalses; más de veinte paisajes naturales y cotos de caza. La más hermosa de sus playas es la de Guardalavaca, con centros de submarinismo y buceo. El Parque Natural Bahía de Naranjo es otro de los numerosos atractivos de esta provincia.

ISLA DE LA JUVENTUD
Por la espectacularidad de sus playas, Isla de la Juventud y Cayo Largo se pueden considerar el último paraíso. Cuando la descubrió Colón en su segundo viaje la llamó La Evangelista, y durante casi tres siglos fue escondrijo de celebres piratas. En 1830 se fundó en ella la colonia Reina Amalia (hoy Nueva Gerona), y durante el siglo XIX fue la “isla de los desterrados” (José Martí entre ellos). El nombre de Isla de los Pinos llegó mucho más tarde, y su última denominación fue en 1978, pasándose a llamar Isla de la Juventud, dada la cantidad de jóvenes que fueron a poblar la zona. Hoy es uno de los centros de plantaciones de cítricos más grandes del mundo. Nueva Gerona es el centro urbano; en el se encuentra el principal puerto. En el norte de la isla se encuentran hasta 15 lagos artificiales, y el sur alberga una reserva de la biosfera y un bosque tropical; en la cueva de Punta del Este están las pinturas rupestres más antiguas de Cuba. Los islotes del archipiélago de los Camarreos, Isla de la Juventud y Cayo Largo son un paraíso para la práctica de numerosos deportes náuticos. Sus fondos marinos brindan el espectáculo de un acuario natural.

MATANZAS
Fundada en 1690, es una de las provincias más grandes de Cuba. Ofrece un variopinto paisaje, con fabulosas playas, bosques y marismas. La “Ciudad de los Puentes” fue declarada la “Atenas de Cuba” en 1860 por esplendor que alcanzó su cultura en la época. En el centro de la ciudad destaca la Plaza de la Vigía, el Teatro Santo (monumento nacional) y la Botica del Doctor Triolet, única en su genero. Frente al Teatro se alza el Palacio de Justicia. Una gran estatua de José Martí se levanta en el Parque Libertad. La plaza principal de la ciudad está rodeada de edificios históricos. A 5 kilómetros, una atracción turística son las cuevas de Bellamar; muy cerca, el Valle de Yamuri exhibe toda su belleza natural. Pero sin duda el paraíso del Trópico es Varadero, cuyo mayor interés reside en sus magníficas playas de arena fina de más de 20 kilómetros, llenas de atractivos naturales, cuevas, acantilados, lagunas, cayos, flora y fauna. El Parque Natural de Varadero da cobijo a una flora autóctona única. Estas playas son un paraíso para la práctica de deportes náuticos, buceo, pesca deportiva, submarinismo. Además, la variedad de locales nocturnos con originales espectáculos amplía la oferta de ocio. Matanzas es la cuna de ritmos como el danzón y la rumba.

PINAR DEL RÍO
Pinar de Río conserva algunos de los parajes más fascinantes de Cuba. El valle de Viñales, la sierra del Rosario o las plantaciones de Vuelta Abajo, que desde el siglo XVIII cultiva un tabaco con el que se fabrican los mejores cigarros cubanos, ya que las mejores hojas vienen de la mítica Vega de Hoyo de Monterrey. En la ciudad destaca la Catedral, en la calle principal, de visita obligada. No muy lejos el Teatro José Jacinto Milanés, y junto a este el Museo de Historia. En la Casa del Habano y en el Museo del Tabaco podemos observar el proceso de elaboración de los puros. A 25 kilómetros al norte, escondido en la Sierra de los Órganos, se puede visitar Viñales, uno de los espacios naturales más hermosos de las islas. Tiene un orquideario con más de 1800 especies. Las playas de esta provincia tienen un encanto especial, como la de María la Gorda, en la Bahía de Corrientes, con el Centro Internacional de Buceo.

SANCTI-SPIRITUS
Capital de la provincia de su mismo nombre, se sitúa en el centro sur de la isla, y reúne uno de los conjuntos arquitectónicos más bellos de Cuba. Plazas típicas y calles tortuosas son los distintivos de la ciudad. La Iglesia Parroquial Mayor, el puente Yayabo (monumento nacional) y los Museos de Arte Colonial y de Historia son reclamos suficientemente interesantes para el turista. Es obligada la visita a Trinidad; está ciudad y el cercano valle de los Ingenios fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988. Fundada por Diego Velázquez en 1514, es una joya colonial. La arquitectura de sus construcciones, las empedradas calles, los enrejados, las puertas de madera labrada… todo tiene un encanto especial. En torno a la Plaza Mayor se distribuyen la Iglesia Parroquial de la Santísima Trinidad, el palacio Brunet, con un precioso patio, los Museos de Arte Colonial, Romántico y de Arqueología o la Casa de la Santería Yemayá. Una de los símbolos de la ciudad es la Torre Iznaga, del siglo XIX, y los casi 50 ingenios azucareros que hicieron posible el esplendor de Trinidad.

SANTIAGO
Fue fundada por Diego Velázquez en 1514, a varios kilómetros de su actual emplazamiento. Su primer alcalde fue Hernán Cortés, y hasta 1607 actuó como capital de la isla. La llegada de esclavos africanos a su puerto, junto con oleadas de franceses y haitianos a finales del siglo XVIII dieron lugar al mestizaje que ha convertido a esta población en la más caribeña de Cuba. Se puede empezar la visita a Santiago por el parque de Céspedes (héroe de la independencia cubana) con la Casa de la Cultura, el Ayuntamiento y la casa de Diego Velázquez. En el lado sur del parque está la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción y el Museo Archidiocesano. En la ciudad hay más de una docena de museos que guardan valiosos testimonios de su pasado heroico. El cementerio de Santa Ifigenia posee monumentos funerarios como el Mausoleo de José Martí o el de Carlos Manuel de Céspedes. El sitio por excelencia para obtener las mejores vistas de la ciudad, por su espectacular emplazamiento, es el Castillo del Moro, antigua fortaleza del siglo XVII que custodia la entrada de la bahía santiaguera. Otra excursión inolvidable es a la Gran Piedra, cuya cima tiene 1225 metros, desde donde se contempla una impresionante vista de la Sierra Maestra. A 20 kilómetros se encuentra el

santuario mariano más venerado de Cuba, la basílica de la patrona de la isla, Nuestra Señora del Cobre, con su carga de leyenda. Santiago tiene las playas más cálidas de la zona, cuyas suaves arenas terminan donde empiezan los cerros y las murallas de la sierra. Las tradiciones musicales en Santiago impulsaron la formación de instituciones como la Casa de la Trova y el Ballet Folclórico Cutumba; no en vano esta tierra es la cuna del son, antepasado de la salsa.

VILLA CLARA
Es por su tamaño la quinta provincia de Cuba, con capital en Santa Clara, donde varios monumentos y museos conmemoran los hechos históricos encabezados por Ernesto “Che” Guevara. Una enorme escultura en bronce del Che da la bienvenida en medio de la plaza que lleva su nombre. El edificio más imponente de la ciudad es el Teatro la Caridad, en el que han actuado desde Alicia Alonso hasta Caruso o Jorge Negrete. Otro lugar de interés es el Parque del Carmen, con su iglesia parroquial, delante de la cual un gran monumento conmemora la fundación de la ciudad. Otras iglesias notables son las de la Santísima Madre del Buen Pastor, la de Nuestra Señora del Buen Viaje, o la Catedral de las Santas Hermanas de Santa Clara de Asís. Muy cerca, en Remedios, se puede hacer un alto para visitar la arquitectura colonial y la Iglesia Mayor de San Juan Bautista, con un bello retablo dorado. A pocos kilómetros está Caibariém, el principal puerto atlántico de Villa Clara, y el cercano Cayo Santa María, con tranquilas playas de arena fina. Al sur de Santa Clara se levanta la Sierra de Escambray, y el embalse de Habanilla, rodeado de naturaleza virgen, bosques tropicales y variada flora y fauna.

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