Las Tablas de Daimiel

Las Tablas de Daimiel Parque natural

En medio de una de las llanuras más extensas de la Península Ibérica, entre cultivos verdes y amarillos sobre tierra roja, hay un pequeño humedal que sobrevive a duras penas a la sequía y a la sobreexplotación del agua y que nos permite aproximarnos a un concepto al borde de la extinción: La Mancha Húmeda.

El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel es el último reducto de lo que un día fue un extensísimo paisaje de exuberancia hídrica, donde distintas corrientes de agua jugueteaban entre la llanura de San Juan y su enorme acuífero 23. Un paisaje donde, en lugar de arados y cultivos extensivos, vivían cangrejeros, barqueros y molineros.

Después de que el Parque estuviese al borde de  la desaparición en el otoño de 2009 por los incendios subterráneos (que años antes habían devastado silenciosamente hectáreas y hectáreas río arriba), un par de años de lluvia han servido para llenar prácticamente el acuífero y para que algunos políticos canten victoria.

El ecosistema sigue estando en ruinas y aún hay  muchos cambios que hacer si no lo queremos ver  desaparecer, pero gracias a los últimos aportes de agua, hoy el Parque está de enhorabuena y bien merece una visita para admirar esta llanura que ha vuelto a la vida.

Las dos localidades más cercanas al Parque son Daimiel y Villarrubia de los Ojos. Desde Daimiel, hay que tomar un carreterín asfaltado que sale desde la circunvalación, entre las carreteras CR-201 (a Villarrubia) y la CM-411 (a Malagón); desde el centro del pueblo hay buena señalización. Desde Villarrubia, hay que tomar el carreterín del Molino de Griñón (también desde la circunvalación y entre las carreteras CR-201 (a Daimiel) y CM-4120 a Fuente el Fresno, para luego girar a la derecha antes de llegar al molino de Griñón por el carreterín de Molemocho. Ambos caminos terminan en el Centro de Visitantes, que es la única entrada “oficial” al Parque, previo paso por el molino de Molemocho, donde también hay un centro de interpretación.

El inicio de la primavera suele ser el momento en que más agua hay en el Parque, y el final de la misma, el momento más colorido, aunque Las Tablas siempre guardan algún encanto en cualquiera que sea la estación. Incluso a finales de verano, cuando los niveles de agua están en sus mínimos y Las Tablas muestran su lado menos amable, o en invierno, cuando el paisaje es más gris, merece la pena dar un paseo para comprobar lo dinámico que es este ecosistema.

Lo mejor será llegar bien temprano, cuando todavía los visitantes no han llegado y la enorme diversidad de tipos de aves que hay en el Parque no se han ido a esconder a espacios apartados; también es cuando el sol manchego menos castiga. Para los que busquen la mejor estampa (o para los que no les guste madrugar), la puesta de sol también, aunque quizá más masificada, es la que deja las postales más espectaculares del Parque.

La oferta turística se basa en itinerarios marcados con los puntos más interesantes del Parque, así como en dos centros de visitantes: el del Molino de Molemocho, y el principal de la entrada. Desde el este último, salen tres itinerarios indicados con colores.

  • La estrella de éstos es el itinerario de la Isla del Pan, que a través de sus famosas pasarelas de madera permite al visitante hacer un recorrido por cinco islas e introducirse por los secretos de un humedal que de otra manera sería impenetrable. Desde la Isla del Pan, en pleno centro del Parque, se obtienen buenas vistas y se aprecia la extensión del humedal; la Isla de los Tarayes es el rincón más íntimo del recorrido y se descubren árboles antiquísimos y de formas extravagantes que a punto estuvieron de convertirse en cenizas en 2009. La ruta está marcada con señales amarillas y se puede recorrer en una hora aproximadamente.
  • La ruta de la Torre de Prado Ancho se dirige hacia el norte, hacia la Sierra de Villarrubia y hacia la entrada del río Cigüela en Las Tablas. El itinerario básicamente bordea el Parque y su interés reside en un embarcadero que se encuentra al inicio, en las varias casetas de observación que hay a lo largo del camino y, sobretodo, en la torre de observación que hay en el destino final y que ofrece las mejores vistas posibles del Parque. La senda está marcada con señales azules y se puede recorrer en unas 2 horas, contando con las paradas en las distintas casetas de observación.
  • El itinerario de la Laguna Permanente fue durante muchos años la única alternativa para quienes querían ver agua y patos. El paseo no es de gran interés, pero en el destino esperan unas casetas de madera que permiten observar uno de los espacios que más aves congrega. El camino está marcado en rojo y se puede hacer la ida y la vuelta en menos de una hora.

En la página web del Parque puedes conseguir un pequeño plano esquemático de los distintos itinerarios marcados en Las Tablas para recorrer a pie, aunque no hay posibilidad de pérdida.

Caminante no hay camino…

Para los que prefieran descubrir el Parque a su aire, existen multitud de caminos rurales que bordean este espacio, aunque es difícil conseguir buenas panorámicas desde ellos.

Una alternativa sería tomar el camino de tierra que va desde el molino de Molemocho a Puente Navarro (la presa que, al fin y al cabo, mantiene vivo el Parque), en la carretera CM-4114 de Daimiel a Malagón. Aquí, una familia conserva un pequeño bar donde venden cangrejos, aunque ya no son autóctonos. Siguiendo aproximadamente un kilómetro hacia Malagón, un camino sale a la derecha y permite visitar el lado noroeste del Parque, el más salvaje y menos transitado, y donde también se puede encontrar alguna caseta de observación.

Para conseguir las mejores vistas, hay que irse unos kilómetros al norte y ascender por la Sierra de Villarrubia, aunque solo merece la pena cuando hay bastante agua. Lo mejor sería subir al morrón de San Cristóbal, a la entrada a Villarrubia desde Fuente el Fresno, donde también se puede comer en uno de los mejores restaurantes de la zona: El Mirador de la Mancha.

Centros de interpretación

El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel no es el más espectacular de entre los que se encuentran en España, pero tiene un valor incalculable que quizá es difícil comprender sin hacer una pequeña parada por sus centros de interpretación. Un equipo de especialistas de lo más entregado aclarará todas vuestras dudas y os ofrecerá información sobre las rutas, así como sobre visitas guiadas a pie o en 4×4.

El Centro Principal de Visitantes es una pieza fundamental del Parque con material didáctico sobre la formación del ecosistema, su flora y fauna. Hubo un tiempo en que  era la única manera de conocer lo que habían sido Las Tablas ya que afuera no quedaba ni rastro de agua o patos. Hoy, por suerte, fuera esperan las sorpresas, pero que serán más agradables con un paso de 10 minutos por el Centro.

El Centro de Visitantes Molino de Molemocho se encuentra dentro de uno de los molinos hidráulicos más antiguos de la zona, sobre el que se ha hecho un trabajo excelente de restauración. Aquí la información se orienta más a la relación histórica de los pobladores de la zona con los ríos y humedales, así como al legado que ésta dejó. Merece la visita aunque solo sea para conocer el funcionamiento de estos antiguos centros de vida y economía.

Ya en Daimiel, en un edificio ejemplo de arquitectura orgánica (del célebre hijo de Daimiel Miguel Fisac), el Centro de Interpretación del Agua y los Humedales Manchegos debería ser visita obligada para todo aquel que pase por allí y quiera saber un poco más del tema. Además, el Museo Comarcal de Daimiel es otra joya a pequeña escala para la que habría que sacar otro rato, aunque solo fuese para su planta baja, que en unos pocos metros ofrece una información de muchísimo valor para comprender la historia de una de las zonas más olvidadas del país.

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